1 de agosto de 2011

Jugar mal a las cartas blancas

Los nervios te corroen. Ni siquiera intentas ya disimularlo, ¿para qué? El local está aún tranquilo, llenándose gradualmente. Aún no es la hora y tú no puedes dejar de moverte.

Cada pocos minutos alguien intenta distraerte y por pura educación le sigues el juego pero tus retinas vigilan la puerta y tu interlocutor se retira, decepcionado. Vas al lavabo, revisas tu aspecto. ¿Está todo a su gusto? Has procurado cuidar los detalles. El arte de la Sugestión es algo que ella te enseñó, y aunque no conseguirás nunca su innata habilidad, has aprendido algunos trucos. Los nervios te carcomen. Te acercas a la barra y pides ron, sintiéndote como un pirata. Te asalta la idea de escaparte a la playa, pero no puedes dejar de mirar la puerta, al otro lado de donde tú estás.

Como una aparición, la ves. Acaba de entrar sola. Tiene cara de concentración y recorre el local en una sola mirada. Te ha visto. Sonríe y empieza a avanzar. Te gustaría concederle un apodo, pero ya la han llamado diosa y ángel antes de que tú pudieras decirle nada. Está preciosa. Se ha puesto sus sonrisa más dulce y la poca luz le queda bien. Y sólo ha pasado una semana... Han sido días muy largos. En el fondo, ya sabes que la has perdido y su belleza brilla porque ya no es tuya. Casi puedes ver en su cuello el rastro de otros labios; no sabes si debes sentir furia o dolor. Te decides a no dejar que te encandile con sus palabras. Ahora la odias. La odias porque la quieres, porque te pone a prueba, es perversa, porque lleva pantalones cortos y sólo te sonríe a ti. Llega hasta ti. Te abraza. Susurra un "te quiero". Añade cuatro palabras que te dejan sin habla. Recuerdas lo que ella te dijo, muchos eones atrás: "Si realmente quieres algo, déjalo marchar. Si vuelve, es completamente tuyo".

Ha vuelto a ti. Y sí, es traicionera y maldita, y engaña y te pone a prueba, pero también es suave y cariñosa. Y te quiere. Y realmente ha vuelto. Sus labios se cierran sobre los tuyos en un beso dulce,a zucarado, un beso culpable. Pero no te importa. Ya habrá tiempo para reproches, peleas y explicaciones. Eso será mañana.

Hoy, esta noche, ella te quiere, te pertenece. Es prometedoramente tuya y no lo vas a estropear preguntándole si la promesa que ofrece con su presencia es cierta o no.