16 de diciembre de 2012
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15 de noviembre de 2012
Lo que dice Hum
23 de julio de 2012
Palomita, querida
Se soltaba el pelo como quien no quiere la cosa, suave y largo hasta los hombros. Entonces se ponía los pantaloncitos más prietos que encontraba y le daba por poner culo de lujuria y pasearse descaradamente. Se detenía frente a ella y se daba unos golpecitos, provocándola para que la azotara como le gustaba. Se sentaba en la encimera de la cocina a beber agua fría y era ese el momento donde más sensual estaba, sin pretenderlo, con las tensas piernas cruzadas y la espalda ligeramente encorvada.
Si ella aún no había cedido al cabo de una hora, Paloma se acercaba, le separaba las piernas y se sentaba en su regazo. No había malicia en sus ojos enormes, solo amor a borbotones.
Entonces cedía y hacían el amor como animales, hasta que se cansaban y follaban con dulzura.
9 de mayo de 2012
240 noches
Ella estaba sentada justo al otro lado del muro, con los ojos más tristes que nunca. No se atrevía a cruzar miradas. Podía notar el temblor en su cuerpo de pajarito, y no sabía si aquello que la envolvía era rabia, decepción o los restos machacados de un amor subestimado. Ella misma tenía el corazón destrozado, ensartado con su patética inseguridad. Quería echarse en el suelo a lamentarse, pero tenía frente suya la clave para recuperarse. No podía ser cobarde. ¿Por qué no mirarla? Por el miedo a descubrir en su mirada que jamás volvería a amarla. La invadió la furia, y la culpa por sentirse furiosa. ¡No había roto ninguna promesa! "Te rompí el corazón por no darme cuenta de que lo tenía yo", deseaba decir... Quería decir tantas, tantas cosas. Quería ser sincera y tramposa si así la retenía. Pero a los pies de Ella había una maleta desgastada. La miró a los ojos, con una tristeza nueva, y supo que iba a marcharse.
Entonces abrió los labios de caramelo y habló. Habló fríamente, con las pupilas temblando. Sufría. Se aferraba a su maletita con cierta desesperación. ¿Qué llevaría dentro? Parecía ser la clave de su salvación; la abrazaba de la misma forma que ya no la tocaría a ella. Se levantó, sin despedida. Dijo lo que debía decir, de forma tan fría, con la boca tan apretada, que no tuvo más remedio que creerla. ¿Por qué iba a mentir? ¿Por qué alejarse si quería quedarse? Se dio cuenta entonces que a mitad del discurso había empezado a llorar, lentamente. Debía tener la cara manchada y la atormentó que la última imagen no fuera hermosa.
Empezó a hablar, susurrando, muy deprisa y a destiempo. No sirvió de nada, Ella ya se alejaba, muy erguida, muy encerrada. ¿Le llegaría alguna palabra? ¿Lo notaría siquiera? ¿Sabría que mientras se marchaba, ella estaba ante el muro deseando derretirlo con sus ganas? Pero no lo tocó; tenía miedo de quemarse. Dejó de hablar cuando la figura se perdió en el horizonte. Y cuando ya no pudo verla, se le cayó el corazón de los labios, estrellándose en el suelo. Se sentía seca y frágil y quebradiza.
No fue tras Ella. No se atrevió a acercarse. El muro se alzaba imponente y ni siquiera sabía como rodearlo. Y aún si pudiera, si traspasara la frontera que había creado con sus errores, ¿cómo abrir las puertas? ¿Cómo llegar a Ella? "Encuentra valor en tu maletita. Olvídate de mí, como yo intentaré olvidarme de nosotras". Nunca fueron "tú y yo". Y no habría jamás un "nosotras".
Con la carita empapada y sucia, se dio la vuelta y echó a correr lejos del muro.
26 de febrero de 2012
Hipnosis
Tengo esa profunda sensación de flash-back que me obliga a rememorar una escena que, si bien no desagradable, fue incómoda y surrealista.
Sentada con las rodillas muy juntas en un sillón demasiado bajo para mi gusto, el hombre vagamente parecido a Einstein me sonreía amablemente. Intentaba coger fuerzas para algo que sabía no me iba a gustar; pero lo hacía por ella, no por mí, y solo por eso estaba a punto de enfrentarme a lo que en el fondo más me asustaba.
Su voz era relajante. Intentaba conducirme sin prisa por las escaleras de mi conciencia hacia el Kraken que es mi más oculta memoria. Debía aislarme y centrar todos mis sentidos en su voz. Pero mi mente era un horno de actividad. "Me habla como si fuera una niña" "Aquí hace frío" "No quiero recordar" "Fuera hay bastante tráfico". Y no funcionaba. No me lo permití.
Lo primero que me pidió fue que recordara mi comunión. "Ese acto de hipocresía social que hice por otros motivos" Y en mi mente, cada célula gritaba no. No. No. No. No, por favor. No. No.
-¿Qué ves? Descríbemelo. Dime quien está contigo. Dime dónde estás.
-No veo nada. No veo nada -musitaba desesperada, siempre con ese grito silencioso.
Me condujo hacia una época más lejana incluso. Quería que describiera cualquier cosa que viera. Lo único que veía era el interior de mis párpados. Noté las lágrimas resbalar por mis mejillas. Su voz suave no se rendía, pero yo quería irme. Me agotaba gritar tanto.
Cuando me permitió abrir los ojos, descubrí en su mirada cierta compasión. Me dio tiempo para calmarme y me dijo, de forma demoledora, que llevaba tanto dolor dentro que ni siquiera me permitía reconocerlo. Que eso me destruiría, si es que no lo había hecho ya. Que lo que había en mis recuerdos era tan horrible que, sin ni siquiera poder recordarlo, llevaba minutos llorando.
Este es el flash-back, muy propio de un domingo. La entrevista acabó con una conclusión mutua relativamente positiva. Pero me sentí aislada del resto del mundo durante días, envuelta en mi caparazón de traumas, tan denso que ni lo miraba. Lo sentía latir en torno a mí. Condenándome.
Sentenciándome.
2 de enero de 2012
Año Nuevo ¿vida nueva?
El cambio de año suele deprimirme. Supongo que es por el simbólico adiós que se le da a tantos errores y buenos momentos. En esta ocasión no ha sido así.
Tras años de inestabilidad y rencores tengo en mis manos la llave a la paz. Tirabuzones emocionales, eternas torturas, demasiadas noches frías. Mi versión dos años más joven, que por estas fechas estaba a punto de sufrir un cambio irreversible y necesario. Las pesadillas. Las pesadillas.
Podría decir que ahora que tengo esta llave voy a olvidar todo aquello, pero eso sólo me haría más débil, más cobarde. Estaría vencida. Y perdería brillo y sabiduría. Necesito la motivación del horror para seguir adelante.
Soy el sueño que te sueña.
Soy la tirana de tu cordura.
Soy todos tus "puedo y quiero"
Soy tu infierno.
Soy tu ángel de la guarda.
Soy la sombra de tus sueños.
Soy poesía en tus labios.
Soy calor.
Soy distancia.
Soy el viento en verano.
Soy la estufa en invierno.
Soy el deseo de tener un feliz año nuevo.
