12 de julio de 2015

(un)Timing

No fuimos a destiempo.
Fuimos jodidamente perfectas.
Nos quisimos con la violencia que destroza vidas adultas.
Nos odiamos con el desgarro triste del amante.
Nos hicimos el dolor tiernamente.
Y el amor a dentelladas.

Fue como tenía que ser, en el momento y lugar exacto.

Las estrellas se mueren, simplemente.

No por eso se olvida su brillo.

No por eso dejo de encender velas pensando en que tal vez te den suerte.

Y que tal vez yo recupere mis superpoderes.

31 de mayo de 2015

Azul

Detrás de las paredes
que ayer se han levantado
te ruego que respires todavía.
Apoyo mis espaldas
y espero que me abraces,
atravesando el muro de mis días.
Y rasguña las piedras,
y rasguña las piedras,
y rasguña las piedras
hasta mí.

Charly García - Sui Generis

He recaído. Te quiero. Me hiero.

1 de mayo de 2015

La herida (in)visible

"The colour of your lips is red, and I swear I never wear lipstick".

Tiene una mirada fija, abierta. Los ojos del color del caramelo quemado, increíblemente oscuros, con pestañas espesísimas que ya me gustaría tener. Los labios carnosos, de sonrisa fácil.

Me ha apretado contra su cuerpo, supongo que para que no tiemble. Me intimida. Ya he aprendido que es capaz de leerme como un libro abierto. Toda esta tristeza es transparente para él, y al extender las manos hacia mí la acaricia suavemente.

La mirada que tiene ahora es de hacerme una pregunta.

-¿Por qué te escondes?

Ha lanzado una bola de acero contra mi pecho. Me esfuerzo por no encogerme, me aparto automáticamente y me retiene. No permitirá que me escape, quiere que me enfrente a lo que siento y a las verdades que lee en mí tan fácilmente.

-¿Qué quieres decir?

Esboza una leve sonrisa. Dice que ya lo sé. Oh, sí, lo sé. Está hablando de mis corazas, de mis pasiones, de cómo me escudo tras todas las cosas que amo para no enfrentarme a este obsceno vacío. Me asusta cómo me maneja. Balbuceo alguna estupidez, supuestamente ingeniosa. No le engaño. Me mira fijo a los ojos y quiero besarle para que los cierre.

-¿Sabes que titubeas antes de decir algo en lo que no crees?

No lo sabía. ¿Cómo coño lo sabe él? ¿Quién es? ¿De dónde ha salido?

No se irá de aquí sin una respuesta. Ni me dejará sola, por mucho que le aparte. Me sujetará cuando baje los escalones rocosos y me daré cuenta de cuanto lo necesitaba. Me permitirá llorar en su pecho y sentiré vergüenza y calidez y miedo. Sentiré pánico de su amistosa ternura.

No recuerdo la última vez que me cuidaron así.

1 de marzo de 2015

Miles de últimas veces

Creo que se ha dejado crecer el cabello porque estaba esperando este momento.

Avanza hacia mí, como siempre ha hecho. Esta vez lleva un vestido intacto. Dios mío, está preciosa. La dulce caída de la falda cubre sus cicatrices, esas que se hacía cada vez que yo tenía ganas. La negrísima melena apenas rozando sus hombros, y esos ojos tormentosos fijos, constantes. Es tan bella que de pronto recuerdo que no me he peinado.

Aparta las mantas que me cubren, se descalza con gracia y se mete en la cama conmigo, haciéndome recostar la cabeza en su pecho. No me resisto, obnubilada por su aroma. Acaricia mis rizos, que se revolucionan contra sus dedos. Suspira.

-¿Y ahora qué ha pasado, cariño?

-No hagas preguntas estúpidas, Remy, no estoy de humor.

Mi tono no la amedrenta en absoluto.

-Cuando me encadenaste creí que me abandonarías para siempre -susurra, con el pecho en tensión-. Pero me permitiste escapar y volver a ti. Desde entonces, he estado siempre esperándote. Sólo dime si esta vez te quedas conmigo.

La aprieto un poco más fuerte. Quiero hundirme en ella, no sentir jamás lo que estoy sintiendo ahora.

-Creo que el error fue intentar controlarte en lugar de hacerte un hueco. No debí esconderte, perdóname.

Niega suavemente balanceando la melena y ríe.

-Tal vez debí controlarte yo a ti -comenta, divertida. Alzo la cara hacia ella. Nunca entenderé por qué insiste en seguir a mi lado, por qué me contempla como si fuera el sol, si soy el puto invierno.

-¿Qué voy a hacer ahora?

Acaricia mis labios y por un momento deseo que me bese, pero no comete ese error. Esboza la sonrisa más triste que le he visto.

-Vas a sobrevivir sin hacerte demasiado daño, vas a permitir que te den bastones, muletas y garrotes si hace falta. Vas a aceptarme como una parte de ti de una maldita vez, y vas a aprovechar esa juventud tuya.

Reprimo el llanto de mala manera. Odio que me recuerde lo joven que soy. Si cada dos años de felicidad debo pagarlos con uno de crónica toxicidad, no vale la pena, no lo quiero. Levanta mi mirada con dos dedos bajo mi barbilla. Ella sí está llorando, contemplándome como al sol, temblando en este abrazo tan desigual.

-No te voy a dejar sola -jura con fiereza,