Querida y confusa M,
Nunca vas a leer esto. Y sé que empezar así una carta no es más que una forma de atraer a los hados para que acabes leyéndola. Tal vez es lo que quiero. Hay demasiadas cosas que no voy a poder decirte de ninguna otra manera.
Y muchas de ellas no aparecerán en estas líneas.
Te echo visceralmente de menos. A todas horas. Siempre hay algo que quiero contarte, preguntarte o acariciarte. Las noches que me toca el largo paseo es cuando más te pienso; antes, estaba la posibilidad de verte al final de la caminata. Ahora sólo está el recuerdo de tu sonrisa en ese banco de metal mientras agotabas la batería esperándome. No puedo soportar lo mucho que te echo de menos.
Lo siento. Si volviera a pasar actuaría de la misma forma, sin ninguna duda, pero joder lo siento. No deseaba esto. No puedo cederte tanto control, tanto espacio. Been there done that. Ya no soy una niña para dejar que me destroces la cabeza.
Pero, si sólo hubieras pensado un poco, si lo hubieras hecho de otra forma... Te habría esperado. Estaba deseando hacerlo. Me habría buscado un rincón fuera de tu camino, me habría convertido en una presencia cálida, te habría apoyado dándote todo el tiempo y el espacio que quisieras. Habría podido seguir queriéndote sin dolor, sin esta horrible pesadez que no me abandona. Y tal vez no habríamos vuelto a reunirnos como ambas queremos, pero qué dulce habría sido poder recordarte de otra manera.
Me has envenenado. Has destruido irreparablemente el espacio iridiscente que había creado para ti, para las dos. Sólo quería estar a tu lado, extenderte mis brazos, conocerte mucho más, quererte mucho mejor. Todo ese deseo limpio me lo has quitado y no sé qué hacer con la energía que destinaba a ti. Te echo de menos, no soporto verte, no tienes derecho a que te duela, eres tú quien nos ha separado. Estoy confusa y me hago daño, y te echo tanto de menos. Quiero contarte todo esto pero tu condescendencia me llena de una furia fría y agresiva.
Tardas mucho más de lo que esperaba en curar. Creo que ya puedo reconocerme a mí misma que vas a ser una de mis marcas.
Para bien y para mal, nunca olvido cómo las he obtenido.
Un día, escuchamos juntas nuestra canción favorita de Silvio Rodríguez. Me agarro a ese recuerdo cuando todo esto se hace muy duro. No permito que se emponzoñe, esto no me lo vas a quitar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario