"Dame paz y dame guerra
Dame aliento, cuídame"
Los rizos me tapan los ojos pero no llegan a cubrir mi boca. Sin embargo, veo y no hablo.
No digo que esa calma que antes tanto me gustaba ahora me desquicia. Tengo un par de torbellinos gigantes moviéndose dentro de mi cuerpo, sin parar, sin tregua. Es incomprensible cómo puedes mirarme con esa (fría) calma cuando tus labios me ponen todo el vello de punta. Recuerdo perfectamente la última vez que casi me acerco (pantallas tras mis párpados).
No digo las veces que he buscado refugio en tu ausencia, y la he encontrado. Ahora tu ausencia es un cuchillo esperando atravesarme en el momento que apareces. "¿Qué tal, querida?" Menudo chiste de pregunta.
Otras veces he sentido un vacío terrible y ahora lo echo de menos. Ojalá ojalá lidiar con ese espacio desnudo, y no con estos torbellinos que me lamen desde dentro, estallan mi rabia, arrullan mis penas. Me dicen cosas espantosas dentro de mi cabeza, activan las pantallas tras los párpados, me dejan en los tímpanos el recuerdo susurrante de gemidos largamente añorados, me aprietan las piernas desde el hueso, hormiguean mis dedos, tiran de mí, gritan, se pelean. Más alto, más fuerte.
Basta.
Por favor, basta.
