Inspira hondo. Hace mucho calor, ese calor marítimo, pegajoso, húmedo y vomitivo. Siéntelo. Saboréalo. Aprende a aceptarlo (no vas a poder librarte de él).
Oh, y el olor... esa mezcla de café, cerveza y drogas blandas... Los cuerpos caminando sin prisa, pronunciando palabras tan académicas como beca, servicio informático, cambio de grupo, secretaria de la facultad X, etc. Ah, la Universidad... El césped brillante, las cafeterías a rebosar, las clases claustrofóbicas, los profesores indignados, frustrados, los aularios repartidos en cada punta del campus, las extrañas palmeras, el jardín exótico que los de medioambiental hicieron en los 90. La historia que todo sitio mínimamente académico conlleva. ¿Cómo no va a hacerlo, con tantas almas pululando por ahí? Y los sueños. Y las esperanzas. Y los proyectos, siempre numerosos, siempre quedándose en menos.
¿Vienes a Madrid este fin de semana? Esta tarde hay que comprar un regalo. La semana que viene nos quedamos a comer. El plazo se ha pasado, pero inténtalo de todas formas. ¿Dónde está la maldita clase? Han cambiado de sitio la secretaría. ¡Cuánto tiempo hace que no nos veíamos! ¿Cómo te fue en Londres? Nos vamos a Benidorm el sábado, vente. No pienso entrar a clase, vamos a tomar algo. Decídete: ¿Canadá, Estados Unidos, Salamanca o Brasil? Si haces todos los trabajos, no te presentas al examen. Qué mierda, por sólo dos créditos...
Nada de depresión post-vacacional. ¿Por qué ibas a sufrir algo así? El mundo es enorme, y el viaje más largo empieza con un solo paso.
Bienvenido, compañero, al primer día del resto de tu vida.