Los bomberos me llamaron el otro día. Dicen que están hartos de que cada noche queme las sábanas. A veces el ardor de las lágrimas las incendia. Otras, es el fuego del deseo prohibido. O manifestado. En cualquier caso...
Siempre hay llamas.
Me lamen cada día de forma culpable... no deberías hacer esto... sería mejor resistir un poco... ¡Plantate! Recuerda no herir, no hacer daño. Recuerda que esa sonrisa te ha devuelto la inspiración... y que harías cualquier cosa para que no se borrara nunca. Pero de noche, cuando al subconsciente no se le puede controlar, tengo sueños. Y lo peor es que son sueños compartidos. Y lo peor es que no pueden ser realidades. Sería tan fácil... Perderse de nuevo en el tornado de sentimientos, no resistir...
Pero vuelve el día y vuelve esa sonrisa. Sé sin ninguna duda que me quiere a su lado y eso es importante. Tan, tan importante, que decido dejar los sueños a un lado. No las fantasías, eso es imposible. Cuando no hay nada que hacer, creo íntimamente recuerdos que nunca tendremos... pero son tan reales. ¡Tan reales!
Poco importa todo esto. Hoy es el día de las verdades por muy dolorosas que sean... algunas no se pueden ocultar. El deseo tendrá que esperar hasta que el corazón se desmaye.
Pero... lo diré en voz bajita y esperando que sólo tú lo escuches... yo también desespero por rozarte.