21 de noviembre de 2010

Fumandome mi conciencia, mi injusticia y demás mierdas esquizofrénicas

El don de la oportunidad no existe. No es más que una fantasía, una quimera. Las cosas pasan cuando tienen que pasar, sufres cuando tienes que sufrir. Te encuentras con la persona adecuada cuando hace falta. Te equivocas. Te enamoras. Te quieres morir. Te sientes emperatriz del mundo.

Destrozas. Reconstruyes. Destrozas.

Dentro de muchos años, cuando miremos atrás, veremos que esto que nos une es mil veces más fuerte que la gravedad. Mientras tanto...

En mi habitación no caben tantos recuerdos, tantos sentimientos, tantos errores ni tanto dolor. Pero estoy atrapada dentro y no puedo salir. Así que allí me quedo.

Respirando humo.

5 de noviembre de 2010

Entre dos realidades

Los bomberos me llamaron el otro día. Dicen que están hartos de que cada noche queme las sábanas. A veces el ardor de las lágrimas las incendia. Otras, es el fuego del deseo prohibido. O manifestado. En cualquier caso...

Siempre hay llamas.

Me lamen cada día de forma culpable... no deberías hacer esto... sería mejor resistir un poco... ¡Plantate! Recuerda no herir, no hacer daño. Recuerda que esa sonrisa te ha devuelto la inspiración... y que harías cualquier cosa para que no se borrara nunca. Pero de noche, cuando al subconsciente no se le puede controlar, tengo sueños. Y lo peor es que son sueños compartidos. Y lo peor es que no pueden ser realidades. Sería tan fácil... Perderse de nuevo en el tornado de sentimientos, no resistir...

Pero vuelve el día y vuelve esa sonrisa. Sé sin ninguna duda que me quiere a su lado y eso es importante. Tan, tan importante, que decido dejar los sueños a un lado. No las fantasías, eso es imposible. Cuando no hay nada que hacer, creo íntimamente recuerdos que nunca tendremos... pero son tan reales. ¡Tan reales!

Poco importa todo esto. Hoy es el día de las verdades por muy dolorosas que sean... algunas no se pueden ocultar. El deseo tendrá que esperar hasta que el corazón se desmaye.

Pero... lo diré en voz bajita y esperando que sólo tú lo escuches... yo también desespero por rozarte.

17 de octubre de 2010

Hoy toca recordar

Recuerdo nuestro primer beso.

Era de día, había mucha luz, las feas paredes me incomodaban. Estaba nerviosa. ¿Iba a pasar? Qué emoción, qué emoción... Pasó. Tus manos frías se engancharon a mi cuello y mi cuerpo, tus labios no se separaron de los míos. Sorpresa. Oh, Dios, sentí que se me paraba el corazón... Los labios de una mujer, jamás catados, eran ahora lo único importante. La sorpresa desapareció y emergió el placer entre nosotras, en ese finísimo espacio que nuestros cuerpos no cubrían.

Te amé. No te quise, llegué a amarte. Con toda mi alma. De una forma tan loca, apasionada e irreflexiva que me destrozó. No me importan tus palabras al respecto, sé que pude hacer más. Sé que pude alejarme antes. Pero no era así, no en ese momento. Con nuestros cuerpos enredados en tu cama, tu aliento en mi boca, mis manos en tus caderas... Tu cuerpo esculpido como una estatua, firme y suave, con curvas recatadas que fui descubriendo poco a poco... Creo que mi alma se desmayó cuando te vi desnuda por primera vez. ¿Tan bella eras? Tan perfecto era el tacto de tus pechos contra los míos... Y tu lengua por mi piel y tus piernas en las mías...

Pero todo pasó y cuando, finalmente, pudimos reunirnos después de esa dolorosa posdata, sentí que la pasión y el miedo desaparecían para dejar paso al disfrute de tu belleza y nuestra complicidad. Jamás me sentí mejor contigo que cuando dejé de amarte para empezar a apreciarte. Culminamos ese sentimiento en un beso. Y otro. Y otro más. Había olvidado cuán suaves eran tus labios, el sabor de tu colonia, la suavidad de tu cabello pinchando el mío. No te quiero. Pero lo hice y por eso este recuerdo.

A tu lado he sufrido más que en toda mi vida. Las largas horas esperando una llamada, las ansiosas comprobaciones cibernéticas, intentando averiguar si aún te importaba... si aún sentías ese fuego cuando me mirabas. Los llantos de madrugada, desesperada y enfadada por haber despertado con tu recuerdo en mi mente, cabreada por recordarte cada mañana, destrozada por no tenerte... Amándote por cada sonrisa, odiándote con cada huida. Deseándote con cada abrazo, repugnándome tu tacto cuando te alejabas.

Recuerdo otro primer beso.

Fue para olvidar. Fue por pura supervivencia. Buscaba unas caricias que me hicieran sentir bien sin tener que entregar mi cordura y mi orgullo. Tras una película fantástica, con el vodka bailando en mi riego sanguíneo, busqué una excusa, besaste mi pierna desnuda y te incorporaste. No esperé tu embestida, me estrellé en tus labios. Aún me estremezco al recordar esos besos. Esa fuerza, esa pasión. No sé cómo, acabé sentada en tu regazo. Tus manos me recorrían con presteza, querías sentirme, querías sentirme. Me dejé hacer, sonriendo maliciosamente. Casi temblando, fuiste deshojándome como una flor y allí, desnuda por primera vez frente a ti, habría podido dártelo todo. En ese momento te amé intensamente por devolverme a la vida. Luego el alcohol se bajó y vi en ti un compañero.

Las cosas pueden cambiar, ¿sabes? Lo que por aquel entonces no era más que un efímero capricho ahora es casi indispensable. Te necesito. ¿Por qué no quieres verlo?

¿Por qué no te atreves a decirlo...?

31 de agosto de 2010

Yo vacía, tú podrido

Recuerdo las conversaciones mientras intentaban culturizarnos, las bromas, los silencios. Llegué a confiar en ti, nunca imaginé que fueras tan… de doble filo. Porque si yo estoy vacía, tú estás podrido. Me he dado cuenta, grandísimo hijo de puta, que fuiste tú quien sembró en mi mente el germen de una idea que, poco a poco, ha eclosionado. Una idea que casi me destruye, que casi me impide disfrutar sin anhelar. ¡Y eras tú el que renegaba de la falsedad de la gente! ¡Tú el que hablabas amistosamente con los mismos de los que más tarde te quejabas! Tú, quien intentabas (torpemente y sin resultado) protegerme. Tú, que no entendías que cuando dije “no me importa”, no había ninguna intención detrás. Tú, que considerabas mi expedición un extraño camino de perdición. Tú, que más tarde pasaste a decir por la espalda lo que no te atrevías a decir mirándome a los ojos.

Tú renegabas de todos ellos, yo reniego de ti. Completamente. En el fondo, estás tan corrupto y eres tan malvado como todo lo que pretendes evitar.

Que te jodan.

15 de agosto de 2010

Pisando sobre mis huellas

"Entre otras cosas, verás que no eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te animará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía."

El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger

Desprecio casi todo lo que construí, en ese pasado lejano que nada tiene que ver con la personita que habita este cuerpo. Intento construir algo nuevo, no reconstruir nada. Invento extraños métodos nocturnos, pero no sirven de nada. Amando todo lo que tengo, es imposible estar satisfecha. Me falta algo. Me falto eso.

Inspiración.

La combustión espontánea que azota mi alma al crear algo que tiene todos los elementos. Pasión. Fuerza. Entrega. Arte. Arte, arte, arte. Rebelarse contra la alienación. Reencontrarse con la emoción. Pintar la luna. Hablar en verso. Recitar con los ojos cerrados. Besar con los dedos.

Antes voy a machacar las paredes vacías. Y luego borraré mis huellas.

7 de junio de 2010

Basta de absurda tortura literaria

Después de todo lo pasado, es hora de mirar hacia el futuro.

Todo el mundo parece estar obsesionado con el futuro, con todo lo que harán, lo que pensarán, lo que estudiarán... ¿Tan difícil es vivir el ahora? ¡¡Ahora!! ¿Qué importa el futuro? ¡Ya vendrá! Trabaja para ganártelo, lábralo como tú quieras, pero no dejes que algo que ni siquiera ha pasado te condicione. Ahora mismo sólo puedo vivir el presente, y eso implica pensar en el futuro, olvidar el pasado, planear y amar. Sí, amar.

Pero no me decido a entregarme. Creo que es necesario que me destruya definitivamente para poder empezar de nuevo, pero no me decido. ¿Cómo lo hago? ¿Pierdo lo poco que me queda sólo por un capricho?

No es fácil equivocarte sabiendo que lo estás haciendo.

¿Lo estoy haciendo?

De modo que no lo hago. Me quedo al margen, valoro, y disfruto de esas pocas oportunidades que tengo. De esta vida que he creado para poder sentirme bien. Para poder vivir bien. Una vida que ahora parece querer retenerme, querer que no cambie. Debo seguir siendo la que era, pero ya no es posible y ni siquiera sé quién soy.

Todos avanzan hacia el futuro y a mí me parece seguir anclada en esos meses de invierno, hace ya tiempo, en que la felicidad no era una posibilidad y el miedo, el dolor y la preocupación eran mis más fieles compañeras.

Pronto será mi cumpleaños.

14 de mayo de 2010

Oportunidad

"No te reprimas por nadie y, cuando la felicidad llame a tu puerta, aprovecha la ocasión y sé feliz. Puedo decirte por experiencia que estas oportunidades aparecen dos o tres veces en la vida y, si las dejas escapar, te arrepentirás para siempre."

Fragmento de una carta que Reiko envía a Watanabe, en Tokio Blues.

Simplemente eso. En el extraño caso de que leas esto (qué improbable es), que sepas que creo que esas oportunidades de felicidad se presentan más veces en la vida, más de dos o tres. Yo soy una de tus oportunidades. Lo sé, estoy segura, me da igual si suena pretencioso o algo así, no me importa. ¡Lo soy! ¡Estoy aquí! ¡Te quiero! ¡Puedo hacerte feliz! Puedo hacerlo, puedo hacerlo. Soy una de tus oportunidades, y estás dejándome pasar... Y, algún día, en algún momento, dentro de varios años, pensarás en mí, y te darás cuenta de que podrías haber alcanzado el cielo conmigo. ¡Qué digo el cielo! ¡Te llevaría hasta la siguiente galaxia! Pero bueno... Tú decides, y yo no estoy suplicando. Sólo quiero que te des cuenta, plenamente, de quién soy. De lo que soy. De lo que somos. No te pido nada, ya he dejado de esperar. Estoy asumiendo algunas cosas, qué duro es, pero qué necesario, qué triste, y qué dulce...

Hermosa ninfa, casi quimérica, tan etérea, tan idealizada... Intento bajarte del pedestal, pero no quiero hacerlo.

Me despido con un beso, con un abrazo, con un polvo. Con todo lo que quiero darte y no puedo, todo. TODO. Ojalá hubiera tenido más tiempo para quererte de verdad, y no todo eso que te di, que me parece tan poco...

11 de abril de 2010

No leas esto

"¿Por qué no quieres decirme nada? Comprendo que no quieras hablarme, pero... ¡al menos podrías explicarme por qué! ¡Porque me estoy volviendo loca y ya no sé si me duele más pensar en ti o en mí! ¡¡Así que deja de esconderte y habla!!"
Kamikaze Kaito Jeanne.

Ya no sé si me duele más pensar en ti o en mí... Qué palabras tan grandes y poderosas...

Aún no he tomado una decisión. Cuando veo que pides ayuda a otras personas mientras yo estoy aquí llorando por ti... Cada mañana, al despertarme, necesito más de media hora para poder librar mi mente de tu recuerdo, porque no quiero pensar en ti. Estoy harta. Creo que te estoy perdiendo, y soy partidaria de la eutanasia; no dejes agonizar nada, mátalo para que no sufra. Creo que ni me quieres ni quieres estar conmigo, pero... ¿Cómo explicarlo adecuadamente? Necesito hablar contigo. Necesito que hables conmigo. Ya no sé qué hacer. No quiero estar así. Quiero tantas cosas, y algunas tienen que ver contigo, pero tú no... no estás. Me estás alejando, y eso me hace mucho daño. No sé qué pretendes, no sé qué piensas, y no me atrevo a hablar contigo porque no quiero herirte.

Lo siento, pero tengo que ser egoísta para poder sobrevivir, es algo que comprendí hace mucho y que estoy empezando a aplicar ahora. Vas a responderme a una sola pregunta, y si la respuesta no es la que busco, me iré. Me niego a sufrir gratuitamente, ¡no quiero! Ya me están pasando bastante cosas, estoy herida, y parece que no quieres que nos curemos mutuamente. Pues bien...
Sólo espero que no leas esto, al menos no antes del martes, antes de que pueda preguntarte. Recuerda, recuerda, que yo sí te quiero, que te quiero de una forma que me hace llorar porque no quieres verme. Pero me estoy muriendo, estoy sufriendo mucho por ti, y si la respuesta no es la que quiero... No voy a seguir. Punto y final.

Ojalá no tenga que escribir el final de nuestra historia tan pronto. Porque aunque sé que seguir así si no lo hago con mi respuesta me destrozará, estar sin ti no me hará precisamente bien. Sólo intento elegir el mal menor, y necesito información.

No leas esto, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor... Porque no reaccionarás, no llamarás, no dejarás ningún mensaje, no harás nada. Prefiero pensar que no lo has leído a saber que sí lo has hecho y aún así has vuelto a quedarte en silencio.

No lo leas sin reacción, de modo que directamente no lo leas. Por favor.

27 de febrero de 2010

Ansiada lista...

¿Cómo has conseguido en un mes lo que él no ha conseguido jamás?

¿Por qué cuando pienso en ti tengo tanto miedo y a la vez te echo tanto de menos?

¿Por qué aparecen tu olor y tus ojos en mis sueños?

¿Por qué vuelvo a entender la canción de Conchita?

¿Por qué nunca contestas a mis preguntas?

¿Cuántas horas necesito contigo para estar satisfecha?

¿Hay algún sitio donde pueda pasarme horas mirándote en silencio?

¿Vas a entender alguna vez cuánto me gusta mirarte cuando no me miras, observar tus movimientos, tu pelo, tu sonrisa...?

¿Me creerás cuando te asegure que voy a quedarme?

¿No te asustarás cuando te diga que te quiero?

¿Acaso sabes todo lo que provocas en mí?

¿Puedes explicarme por qué cada vez que te miro quiero besarte?

¿Sientes sólo la mitad de lo que yo siento?

¿Me enseñarás a no reprimirme a cada momento?

Cuando leas esto... y sepas que te quiero... ¿te alejarás?

Y aquí va la última pregunta...

Sea lo que sea lo que sientes por mí... da igual el nombre... ¿Es bastante para que me atreva a confiar incondicionalmente en ti?

Elige cualquier pregunta. Única condición: contesta de forma sincera...