Pero nunca estabas.
Y ahora te has ido. O te he echado. Contigo nunca se sabe.
Hace demasiado frío, yo tengo demasiado viento. Y remordimientos. Y todo, y nada, que sin tus deditos helados esto es insoportable. Insoportable.
Mis ramas de olivo están putrefactas. Con tu (hu)ida se ha marchado también el sol, y se mueren los jardines de mi pecho. No me queda nada para ti. O es que se me ha caído en tus caderitas jaspeadas. ¿Tienes tú mis ganas? ¿Tienes tú mi cordura repugnante? Oh, por favor, quédatelo. Dónde estarán mejor que contigo, si es que tú has encontrado un sitio.
Te echo de menos.
Te quiero.
Te odio.