... Ella seguía ahí.
Me llenaste el estómago de amapolas desteñidas, te introdujiste en los anacronismos de Goscinny y me sangraste los dedos con los que intentaba acariciarte. Pero hice trampas, porque te metí la mitad de mi corazón bajo las pestañas. Cuando lloraste, yo estaba ahí intentando ganarme tus lagrimales, y tus lágrimas me besaban huidizas antes de suicidarse hacia tus labios. A lo mejor es que las ninfas como tú no saben sonreír sin reventarse las llagas por dentro de las mejillas. A lo mejor es que las chicas como yo no saben besarte sin limpiarte la sangre.
Tú eres Gala, y por eso no puedes olvidarme. Eres Laura, y por eso eres la dueña del único poema que he escrito. Eres Beatriz, y por eso maldigo mil veces los círculos del infierno en el que tú no estás... aunque estés en todo.
Tu piel es crema y yo estoy tan tan hambrienta.
