25 de marzo de 2011

¿Quién es esa mujer?

La mujer que tú ves es bella y vibrante. Su voz es dulce y tiene un sonsonete delicioso, que varía según las palabras que pronuncie o según el ánimo de ella. Con sólo escuchar su voz te excitas, y a veces se te derrite el corazón cuando susurra tímidamente sus sentimientos. Su aliento en tu cuello es una promesa y su lengua en tu boca una serpiente maravillosa. Tiene manos de niña, femeninas, que te encanta besar. Adoras su piel, tan suave, te pasarías la vida recorriéndola una y otra vez. Su cuerpo te abrió un mundo tiempo atrás, y te gustaría poder quedártelo, atarlo a tu cama y no permitir que se marchara. Es ingeniosa, seductora. Tiene una sonrisa en particular, una levemente lujuriosa, que te obliga a besarla hasta consumirte. Sabe poner una carita adorable a la hora de la despedida que te hace preguntarte si el secuestro es tan malo como dicen. Te sorprende. Es atrevida. A veces te asusta su versión más cruel pero sabes que contigo bromea y se ríe, que contigo es dulce, dulce, dulce. Es capaz de recitar de carrerilla tus canciones favoritas y se sabe diálogos de buenas películas. Se niega en redondo a jugar con videojuegos y al notar tu desilusión ofrece con expresión pícara compensarte. Y luego está su mirada. Sus ojos grandes y oscuros, que siempre te observan. Dice que le gusta mirarte. Te piropea de una forma que te hace sentir incómodo y orgulloso. Su mirada es fija e intensa, como si te estuviera comiendo, literalmente, con los ojos. Esa es la mujer que tú ves, o tal vez la que yo veo reflejada en tus ojos de felino.

Pero la que yo veo en el espejo es diferente. Tiene ojeras. Sus labios son pálidos, debe pintarlos para inferirles un poco de vida. Su cuerpo es tremendamente imperfecto aunque ella no le da importancia y se centra en sus virtudes, realzándolas, explotándolas, jugando con el encanto que sabe que posee. Es maliciosa. Es perversa. Y pervertida. Es melancólica y algo perezosa. Está enorgullecida de su cabello, que cuida con esmero. Es débil. Le gusta el Arte y a veces se atreve a pensar que es artista. Tiene una fe ciega en el Amor. Es cobardemente cínica.

Dime, entre estas dos mujeres ¿cuál es la verdadera? No me veo en ninguna de las dos. Oh, claro, hay reflejos de mí en ambas pero ninguna me describe del todo. Ayúdame a desenvolver el misterio, a aclarar, de una puta vez por todas, quién es esa mujer que habita en mi cuerpo y responde ante mi nombre.

15 de marzo de 2011

Incompatibilidades

Hay veces que lo entiendo perfectamente, que comparto tu decisión y sé, sin ninguna duda, que los efectos a largo plazo serán buenos tanto para ti como para mí. No sé nada de ti y lo cierto es que no estoy segura de querer saberlo pero confío en que sepas cuidarte emocionalmente, algo que perdóname la grosería, no creo que sepas hacer. Confío también en tu tardío instinto de supervivencia, del que sí me fío. Pero lo que estoy segura de que no podrás llevar a cabo es encontrar una buena compañía. No sabrás hacerlo. Cierto que no sé tanto de tu vida como para criticar tus elecciones pasadas pero no tengo más que centrarme en tu verano. Dime, ¿fue adecuado? ¿Hiciste la elección correcta al aislarte? Oh, y tal vez estuvieras rodeada de miles de personas pero nadie traspasaba tu piel. Ábrete al mundo, Nymph, no temas al dolor ni a la pasión. Te llegarán mil oportunidades y no debes desaprovechar ni una.

Sin embargo, otros días no consigo compartir tu elección. Se me antoja cobarde. Adecuada hasta cierto punto pero insoportablemente cobarde. Sí, yo cometí mis fallos pero sabía que esto podía pasar. Pero... me dejé guiar por tus palabras, la forma de afirmar que no te irías, cuando a la hora de la verdad, y antes siquiera de averiguar nada, te batiste en retirada, algo precipitada. Si querías marcharte, debiste hacerlo antes de prometer lo contrario. ¿Qué te asustaba tanto, pequeña? ¿Temías quererme con sólo mirarme? ¿Temías odiarme? ¿Temías que no respetara tus decisiones? ¿Temías que el deseo te desbordara? ¿Temías que consiguiera derribar tus barreras y, sólo por unas horas, te entregaras? Para luego arrepentirte, por supuesto... Para luego levantar más murallas y electrificarlas pero no dudes que habría podido destruirlo todo para llegar a ti. Yo también tenía miedo. Me asustaste con tu dureza y tu forma de menospreciar nuestro vínculo. Tal vez tú afirmarías que yo hice lo mismo pero bueno... nuestros puntos de vista son bastante incompatibles, desde aquel primer momento compartido ¿recuerdas? Cada una su versión...

Algunas cosas tienen su momento. El nuestro pasó hace más de un año. Por aquel entonces escribí que jamás podríamos volver a estar bien pero quise creer lo contrario. Ahora lo veo. Aquel era el momento adecuado para mí, estaba preparada, estaba entregada, estaba dispuesta a todo y muy decidida. Tú no podías tener el mismo nivel de compromiso. Y hace poco, cuando tú estabas preparada para mí, cuando conseguí de alguna extraña forma meterme en tus sueños y tus ventrículos, yo no lo estaba para ti. No podía adquirir el compromiso que merecías, ni siquiera sé si muy en el fondo quería. Tú que todo esto de los momentos lo controlas muy bien, ¿estás de acuerdo? ¿Crees que nuestro momento llegó, pasó y se perdió?

Ahora sólo te diré, como una gata regalona de buena familia, de gesto petulante y mirada sabia...: olvídame, olvídame, olvídame, olvídame, olvídame.