La mujer que tú ves es bella y vibrante. Su voz es dulce y tiene un sonsonete delicioso, que varía según las palabras que pronuncie o según el ánimo de ella. Con sólo escuchar su voz te excitas, y a veces se te derrite el corazón cuando susurra tímidamente sus sentimientos. Su aliento en tu cuello es una promesa y su lengua en tu boca una serpiente maravillosa. Tiene manos de niña, femeninas, que te encanta besar. Adoras su piel, tan suave, te pasarías la vida recorriéndola una y otra vez. Su cuerpo te abrió un mundo tiempo atrás, y te gustaría poder quedártelo, atarlo a tu cama y no permitir que se marchara. Es ingeniosa, seductora. Tiene una sonrisa en particular, una levemente lujuriosa, que te obliga a besarla hasta consumirte. Sabe poner una carita adorable a la hora de la despedida que te hace preguntarte si el secuestro es tan malo como dicen. Te sorprende. Es atrevida. A veces te asusta su versión más cruel pero sabes que contigo bromea y se ríe, que contigo es dulce, dulce, dulce. Es capaz de recitar de carrerilla tus canciones favoritas y se sabe diálogos de buenas películas. Se niega en redondo a jugar con videojuegos y al notar tu desilusión ofrece con expresión pícara compensarte. Y luego está su mirada. Sus ojos grandes y oscuros, que siempre te observan. Dice que le gusta mirarte. Te piropea de una forma que te hace sentir incómodo y orgulloso. Su mirada es fija e intensa, como si te estuviera comiendo, literalmente, con los ojos. Esa es la mujer que tú ves, o tal vez la que yo veo reflejada en tus ojos de felino.
Pero la que yo veo en el espejo es diferente. Tiene ojeras. Sus labios son pálidos, debe pintarlos para inferirles un poco de vida. Su cuerpo es tremendamente imperfecto aunque ella no le da importancia y se centra en sus virtudes, realzándolas, explotándolas, jugando con el encanto que sabe que posee. Es maliciosa. Es perversa. Y pervertida. Es melancólica y algo perezosa. Está enorgullecida de su cabello, que cuida con esmero. Es débil. Le gusta el Arte y a veces se atreve a pensar que es artista. Tiene una fe ciega en el Amor. Es cobardemente cínica.
Dime, entre estas dos mujeres ¿cuál es la verdadera? No me veo en ninguna de las dos. Oh, claro, hay reflejos de mí en ambas pero ninguna me describe del todo. Ayúdame a desenvolver el misterio, a aclarar, de una puta vez por todas, quién es esa mujer que habita en mi cuerpo y responde ante mi nombre.
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