Recuerdo las conversaciones mientras intentaban culturizarnos, las bromas, los silencios. Llegué a confiar en ti, nunca imaginé que fueras tan… de doble filo. Porque si yo estoy vacía, tú estás podrido. Me he dado cuenta, grandísimo hijo de puta, que fuiste tú quien sembró en mi mente el germen de una idea que, poco a poco, ha eclosionado. Una idea que casi me destruye, que casi me impide disfrutar sin anhelar. ¡Y eras tú el que renegaba de la falsedad de la gente! ¡Tú el que hablabas amistosamente con los mismos de los que más tarde te quejabas! Tú, quien intentabas (torpemente y sin resultado) protegerme. Tú, que no entendías que cuando dije “no me importa”, no había ninguna intención detrás. Tú, que considerabas mi expedición un extraño camino de perdición. Tú, que más tarde pasaste a decir por la espalda lo que no te atrevías a decir mirándome a los ojos.
Tú renegabas de todos ellos, yo reniego de ti. Completamente. En el fondo, estás tan corrupto y eres tan malvado como todo lo que pretendes evitar.
Que te jodan.
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