7 de junio de 2010

Basta de absurda tortura literaria

Después de todo lo pasado, es hora de mirar hacia el futuro.

Todo el mundo parece estar obsesionado con el futuro, con todo lo que harán, lo que pensarán, lo que estudiarán... ¿Tan difícil es vivir el ahora? ¡¡Ahora!! ¿Qué importa el futuro? ¡Ya vendrá! Trabaja para ganártelo, lábralo como tú quieras, pero no dejes que algo que ni siquiera ha pasado te condicione. Ahora mismo sólo puedo vivir el presente, y eso implica pensar en el futuro, olvidar el pasado, planear y amar. Sí, amar.

Pero no me decido a entregarme. Creo que es necesario que me destruya definitivamente para poder empezar de nuevo, pero no me decido. ¿Cómo lo hago? ¿Pierdo lo poco que me queda sólo por un capricho?

No es fácil equivocarte sabiendo que lo estás haciendo.

¿Lo estoy haciendo?

De modo que no lo hago. Me quedo al margen, valoro, y disfruto de esas pocas oportunidades que tengo. De esta vida que he creado para poder sentirme bien. Para poder vivir bien. Una vida que ahora parece querer retenerme, querer que no cambie. Debo seguir siendo la que era, pero ya no es posible y ni siquiera sé quién soy.

Todos avanzan hacia el futuro y a mí me parece seguir anclada en esos meses de invierno, hace ya tiempo, en que la felicidad no era una posibilidad y el miedo, el dolor y la preocupación eran mis más fieles compañeras.

Pronto será mi cumpleaños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario