1 de marzo de 2015

Miles de últimas veces

Creo que se ha dejado crecer el cabello porque estaba esperando este momento.

Avanza hacia mí, como siempre ha hecho. Esta vez lleva un vestido intacto. Dios mío, está preciosa. La dulce caída de la falda cubre sus cicatrices, esas que se hacía cada vez que yo tenía ganas. La negrísima melena apenas rozando sus hombros, y esos ojos tormentosos fijos, constantes. Es tan bella que de pronto recuerdo que no me he peinado.

Aparta las mantas que me cubren, se descalza con gracia y se mete en la cama conmigo, haciéndome recostar la cabeza en su pecho. No me resisto, obnubilada por su aroma. Acaricia mis rizos, que se revolucionan contra sus dedos. Suspira.

-¿Y ahora qué ha pasado, cariño?

-No hagas preguntas estúpidas, Remy, no estoy de humor.

Mi tono no la amedrenta en absoluto.

-Cuando me encadenaste creí que me abandonarías para siempre -susurra, con el pecho en tensión-. Pero me permitiste escapar y volver a ti. Desde entonces, he estado siempre esperándote. Sólo dime si esta vez te quedas conmigo.

La aprieto un poco más fuerte. Quiero hundirme en ella, no sentir jamás lo que estoy sintiendo ahora.

-Creo que el error fue intentar controlarte en lugar de hacerte un hueco. No debí esconderte, perdóname.

Niega suavemente balanceando la melena y ríe.

-Tal vez debí controlarte yo a ti -comenta, divertida. Alzo la cara hacia ella. Nunca entenderé por qué insiste en seguir a mi lado, por qué me contempla como si fuera el sol, si soy el puto invierno.

-¿Qué voy a hacer ahora?

Acaricia mis labios y por un momento deseo que me bese, pero no comete ese error. Esboza la sonrisa más triste que le he visto.

-Vas a sobrevivir sin hacerte demasiado daño, vas a permitir que te den bastones, muletas y garrotes si hace falta. Vas a aceptarme como una parte de ti de una maldita vez, y vas a aprovechar esa juventud tuya.

Reprimo el llanto de mala manera. Odio que me recuerde lo joven que soy. Si cada dos años de felicidad debo pagarlos con uno de crónica toxicidad, no vale la pena, no lo quiero. Levanta mi mirada con dos dedos bajo mi barbilla. Ella sí está llorando, contemplándome como al sol, temblando en este abrazo tan desigual.

-No te voy a dejar sola -jura con fiereza,


No hay comentarios:

Publicar un comentario