Madrugada del 16 al 17 de Mayo
O del 15 al 16 de Mayo
O del 17 al 18 de Mayo
Estamos solas. Por algún motivo, también estamos desnudas. Yo recostada en esta cama odiosamente grande, tú sentada muy cerrada en la esquina junto a mí.
Sé que quiero tocarte. Siempre has sido muy bella, siempre lo has estado cuando te desnudas. Luminosa. Limpia. Tu cintura me vuelve loca y mira que apenas me queda cordura.
ZORRA
No sé si lo has dicho pero en mi cabeza no dices otra cosa. Me siento sucia por desearte, como si la pulsión sexual fuera lo único que habita dentro de mí. No es así. Estás tú en mi pecho, desgarrándolo todo, enfurecida, dolida, y no consigo entender en qué momento te he agraviado tanto como para merecer este sibilino desprecio.
Pero estás serena aquí fuera, en esta cama odiosamente grande, desnuda. No sé de qué estás hablando, tus pezones atrapan la luz. Te mueves de una forma que se te abren las piernas, y me siento como Pandora. Se me hace la boca agua. Joder, cada año eres más apetitosa. Dentro de mis retinas me estás gritando, golpeando, estrangulando. Aquí fuera sonríes con indecencia. Aquí eres mía de nuevo, y yo soy tan tuya que desfallezco.
-¿Te apetezco?
Gimo de pura ansiedad. Tu cuerpo es un manantial, tu voz pura delicia. Tengo tu coño de cielo tan cerca que podría saborearlo de acercarme un poco más. Huelo tu excitación. Me mojo de sólo verte, tengo taquicardia y pareces tan suave, tan flor...
-No juegues conmigo, por favor. Sabes que...
Un movimiento relámpago de cadera y te tengo en mi boca. Jadeo. Estás deliciosa. Cierras los ojos en un gemido cuando te devoro, aprietas tu pelvis contra mis labios. Me abrumas tanto que cierro los ojos y estás aquí, dentro y fuera de mí, gimiendo, ardiente, y yo tan excitada que podría morir ahora mismo.
Siento algo suave en mi muslo, y de repente tus maravillosos dedos están dentro de mí. OH. Esto es demasiado. Oigo tu risa entrecortada y abro los ojos.
Y me he despertado gimiendo.
Y llorando. Me duele tanto el corazón, aún siento tu presencia entre mis piernas. Casi puedo sentir tu sabor.
Me estás matando. Mírame. No soy ninguna zorra, a menos que sea la tuya.
Finge que me amas y regálame una despedida sin marcas. Te odio, te odio. Te echo tanto de menos, y te niegas a curarme.
... tal vez ni siquiera tú puedas curar esto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario