"Eres demasiado bonita para llorar" Y se levantó, huyendo incluso en su locura, fugaz, maravillosamente ninfúlica. En la otra realidad yo también huía, pero me levanté y fui en su busca.
La casa estaba patas arriba. Su padre no la había visitado aún, y en las brumas de su demencia limpiar no era una posibilidad.
Su voz murmuró algo en francés, justo detrás de mí. Pronuncié su nombre. Sonrió. Se acercó.
-Oh, Lily, gracias... gracias por venir.
Volvió a ser ella durante unos pocos minutos. Sus ojos jamás recuperarían el color, pero su beso era dulce y húmedo, y murmuraba palabras de añoranza y desesperación mientras me acariciaba. Brillantes perlas surcaban su piel cenicienta; sus dedos de viento recorrían mi espalda. "Mi lirio, mi lirio".
-Te reto a amarme -y se echó a reír ante mi propuesta. Sacó un rotulador del bolsillo del sucio pantalón que llevaba y dibujó una espiral en mi garganta, besándola. Sus labios sabían a cemento, a miel, a Isabelle. Los sollozos se acentuaron, parecían escapar de su cuerpo a trompicones. "No me abandones, Lily, no..." Y yo prometía ocmo una ladrona no hacerlo. Por aquel entonces aún creía ser capaz de conseguirlo. Pero reparé en sus muslos desnudos, los profundos cortes que se había hecho y lloré con ella, porque Isabelle había vuelto pero ya no era mía. Su bruma, su magnetismo, todo me atraía pero no me retenía. Besé sus cicatrices sabiendo que no volvería a verla. Y ella llenó mis hombros de cálidas lágrimas y lastimoso ahogamiento, hasta que se echó a reír y dejó de verme, y volvió a hablar en francés, me apartó con violencia y se acercó a una ventana como quien camina hacia el patíbulo.
-Tráeme un lirio negro, Liliana, y me casaré contigo.
Huí de su casa para siempre. Lloré entre los brazos de su fantasma durante días. Y en otoño planté lirios por toda mi casa.
¡Isabelle! Mi diosa, mi concubina, mi mejor amiga... Añoré el olor de su piel, añoré las horas enterrada entre sus vaporosas piernas, y sus vestidos de satén, y sus labios salados, y sus espirales, y el tacto de sus pechos perfumados, y su voz cantando en francés hasta dormirme, recitándome poesía decadentista, como toda ella.
"Aléjate de los inestables" "Este momento es perfecto porque estás aquí y eres mía" "Palpito para ti, Lily, sangro para ti"
Nunca volvería, nunca sería mía, blanda e insuperable.
Pero volvió.
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